El día después.

Después. Después de muchas lecturas arriba del Sarmiento. Después de muchas risas. Después de mucho vino tinto. Después de muchos abrazos. Después de ebria con amigas. Después de llorar. Después de muchas listas de reproducción. Después de los parciales. Después de las frustraciones. Después de domingos teñidos de tristeza. Después, después de todo eso, lo entendí.

Toda la vida nos vendieron la gran teoria de la media naranja, parafreaseando un poco dice algo asi como; venimos al mundo incompletos, y en nuestro paso por este mundo deberiamos reencontranos con nuestra otra mitad para así completarnos y ser felices. ¡Que mentira más grande! No estoy incompleta, esta siemplemente soy yo; traigo errores, traigo fracasos, traigo conocimiento, traigo anecdotas, pero soy yo. Nadie me completa, yo soy mi propia completud.

Freud dijo alguna vez que nadie esta exento de estar condicionado en sus decisiones de vida, y creo que nadie está exento de eso.

Cargue con la mala idea de que necesitaba de un otro para poder ser feliz. Que errada estaba. Ese condicionamiento me llevo a ahogarme en una relación que poco sabia yo donde me estaba metiendo. Intenté madurar de golpe tieniendo 13 años, intente sostener una relación sin conocer a la otra parte. Me obligué a hacer el papel de madre cuando aun estaba en mi plena adolescencia. Me intente convencer de que amaba.

Si pudiera decirle algo a mi yo de 13 años seria que disfrutase de todo, de las amitades, de las tardes de mates, de las noches de pastas y vino blanco en la calle Almafuerte. Nadie te completa, si le diría que no tenga miedo de caminar sola, que el tiempo con uno mismo es lo más valioso del mundo.

Jamás me arrepentiría de lo que pase, lo que me toco atravesar, supongo que es parte de la vida.

Parafraseando un poco, Freud decía que todxs cargamos con una previa herencia de situaciones que nos condicionaron en la vida, cosas que no elegimos atravesar.

Muchxs estan bastante golpeados por la vida, por la familia, por el entorno, por cualquiera sea la situación, están tan enfermxs de su propia vida, que no tienen de donde sostenerse; que de todos modos eso no seria lo grave, lo grave seria no estar advertidx de eso, no estar advertidx de su propia mierda, porque cuando no se está advertidx de eso, unx se condena a actuar y a repetir en vida todas esas cosas que alguna vez le enfermaron y le enferman.

Muchxs de esos transitan por la vida en falta, en busca de ese sostén, que venga y los rescate de sus propia enfermedad. Muchxs estan dispuestos a sostenerlos.

Pero nunca otrx va a poder salvar a nadie, de lo que unx mismo es. (A menos que unx lo advierta y rompa con el ciclo)

Nadie tiene porque sostener la difícil y dura responsabilidad vana de arreglar la vida de un otrx, nadie debería asumir esa posición y nadie debería ponerte ahí.

Los condicionamientos de la vida jamás van a justificar el daño que le puedas llegar a ocasionar a terceros. Jamás. Nunca.

Si no estás listx para amar, no ames.

Si no estás listx para comprometerte afectivamente con alguien, no lo hagas.

Si no estás listx para mejorar, no intentes que otrx te mejore.

Si no estás listx, para estar advertidx de tus propias actitudes, no obligues a otrx a que te sostenga.

Deja que el otrx que si está sanx y advertidx de sus condicionamientos sea feliz.

¿Cuán bajo hay que llegar y cuánto fondo hay que tocar para impedir que el otrx sea feliz?

Después de todo eso, lo entendí. Y ahora veo más claro que nunca.

Anuncios

Ningún pibe nace chorro.

Ningún pibe nace chorro.

Ningún pibe o piba elige el lugar donde nació, ni los estímulos, ni las personas que le crían. Ningún pibe o piba nace para cagarse de hambre, caminarse los subtes cotidianos, congelarse la médula por los grados bajo cero que te escupe la gran ciudad. Ningún pibe o piba nace dispuestx a tener que aguantar un sistema que les deja en la marginalidad.

Si los derechos de nuestrxs pibxs son vulnerados vamos a pedir la implementación de políticas de inclusión, vamos a gritar desde nuestras entrañas: la baja de imputabilidad es la respuesta clasista de un estado que no asume la responsabilidad social de defender los derechos, las oportunidades, la libertad de nuestrxs pibxs. Con un estado ausente, con personajes de arcilla que gustan sostener opiniones mediáticas, con tanta mierda que ensancha la brecha y deja a lxs pibxs laburando, cagandose de frío, no yendo al colegio, no accediendo a centros de salud, con argumentos que criminalizan, estigmatizan y dejan de lado el rol que cumplimos dentro de la sociedad: hacemos frente y gritamos

Sí a las políticas de inclusión, no a la baja.

Ganamos.

Ganamos, porque los argumentos basados en creencias religiosas mostraron las mentiras de los antiderechos. Ganamos, porque el aborto dejó de ser un tabú y salió del closet y se despenalizó socialmente. Ganamos, porque las madres y las abuelas les contaron a sus hijas y nietas sobre sus abortos, porque las adolescentes llevaron el debate a sus hogares y a las escuelas. Ganamos, porque el mundo nos miró y descubrió que en la Argentina las mujeres todavía no tenemos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y quedamos vergonzosamente expuestos como un país donde todavía no gozamos de ciudadanía plena. Nunca nos regalaron nada. Para estudiar en las universidades, para poder tener derecho al voto, para poder decidir sobre la vida de nuestros hijos, para tener acceso gratuito a anticonceptivos, siempre tuvimos que salir a las calles a pelear. Las luchas feministas empujan márgenes. Los votos que faltaron para despenalizar y legalizar el aborto no son más que una piedra en el camino. No fue ayer. Será mañana.

9 de Agosto 2018.

Estuve pensando todo el día de ayer, todo el día de hoy si escribir y en tal caso, qué escribir. Y como nada se me ocurrió porque es inmensa la angustia y enojo que tengo, voy a dejar por acá un fragmento de texto que puede acercarse, al menos un poco, a todo esto que día a día se vive y ayer han demostrado de qué manera deciden ignorarlo y así, continuar llevándolo a la clandestinidad.

“(…)la desigualdad se vuelve cuerpo, carne, llanto. El dolor recobra en cada centímetro de ese vientre vuelto depósito dentro de sí: la solitaria crueldad de no desear.
Un dejo ácido, un espacio vacío, un puñal introducido. Luces espléndidas, alrededores pulcros, las manos extendidas, el cuerpo entregado, mira una loza puntiaguda, piensa: sueños craquelados, voces alejadas, cuartos en blanco, el cuerpo débil. Un gusto amargo, una mirada perdida, un útero cautivo, laceración auditiva, músculos tendidos.
Suspiro tranquilo. Es que no tira, es que no chilla. La mente inconclusa vuelve a preguntar

¿Cuánto puede llegar aguantar una mujer en la clandestinidad?

Cauces inauditos terminan en algún lugar de sí. En el interior se escucha un corazón agigantado y acelerado. Por cada pulsación un viaje al centro suyo, está. Cuando nada parece estar en su lugar: el sol vuelve a girar, su vida cambia un poco más y un sueño del que gustaría despertar se vuelve real

¿Cuánto puede llegar aguantar una mujer en la desigualdad?”

Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto lega, seguro y gratuito y en el hospital, para no morir. Seguiremos ocupando las calles, luchando por nuestra soberanía, tiñendo de verde cualquier espacio que se atreva a ir en contra de la vida de las mujeres y cuerpos gestantes porque ¿Saben qué? Será Ley.

Los hombres y el aborto.

El novio que no se pone el preservativo y no quiere ser papá.
El marido que no quiere hacerse la vasectomía y le da igual tener 6 hijos o 60 porque no se ocupa de ninguno.
El infiel que obliga a abortar a su amante y al otro día va a misa con su familia.
El violador que nunca va a ir a la cárcel y del que nunca se hablará en los debates.
El doctor que se forra de guita haciendo abortos clandestinos para pobres.
El doctor que se forra de guita haciendo abortos en secreto para ricas.
El político que legisla en contra de nuestros derechos humanos fundamentales, si, con nuestros votos, con nuestros votos.
El periodista que criminaliza a las mujeres pobres y justifica a los violadores y asesinos a de mujeres.
El juez que encarcela a la mujer pobre que aborta, y que absuelve a los violadores porque no ve violencia en las violaciones.
El cura que manda al infierno a todas las mujeres y que pide abstinencia sexual mientras viola niñxs.
El papá que no quiere que su hija reciba educación sexual ni use anticonceptivos ni aborte ni sea madre, y cuando se queda embarazada la echa de casa.
El senador que odia a las mujeres que son madres solteras. A las que abortan. A las que dan en adopción. A las que crían en pareja lesbiana. A las mujeres violadas. A todas.

Muchos hombres implicados en el aborto, y ninguno se muere, ni enferma, ni es encarcelado por abortar.

La mujer como síntoma de lo social.

Texto de Silvia Pino.

El día internacional de la mujer surge como un reconocimiento de la lucha de las mujeres de la clase obrera frente a la explotación, la segregación y el goce asesino que finalmente terminó con sus vidas.
Fue una lucha por la igualdad de los derechos de las mujeres, igualdad de oportunidades y democratización, que no debemos confundir con la lucha por la igualdad de identidades que como sabemos sostiene los procesos de masificación.
No debemos identificar la diferencia social a la diferencia de los sexos y de este modo resignar la dignidad de cada una de las problemáticas.
Efectivamente es en el siglo XX cuando la mujer occidental comienza a salir de su eterna minoría de edad y del régimen tutelar de su padre y esposo para poder disponer de su cuerpo y de sus bienes. Esto trae a cuenta nuevas representaciones y un nuevo ordenamiento de los colectivos sociales. Solidario este nuevo ordenamiento del discurso capitalista que señala el modo en que los objetos y los bienes circulan.
Eso provoca un modificación en la moral establecida y lo que para la moral moderna era subversivo ya no lo es para la moral actual.
El modo que tenemos para definir a la mujer siempre responde a la transmisión de modelos que sostienen y se sostienen en la moral de cada época, la moral dominante.
En la actualidad la proliferación de discursos eruditos sobre la discriminación femenina termina por reemplazar a las luchas sociales.

Es necesario recuperar, tal como lo plantea Baudrillard en su texto De la seducción, el acontecimiento femenino en tanto éste no queda reducido a la eficacia de las transformaciones sociales. La libertad de las mujeres debe ejercerse desde la diferencia sexual y el reconocimiento de ésta y no contra ella.
El discurso capitalista al homogeneizar el derecho a gozar como una de las modalidades del consumo indiferenciadamente para hombres y mujeres no hace más que reforzar la definición dominante de la sociedad; lo femenino en tanto acontecimiento es lo que ha rehusado siempre a esta universalización. Esto lo lleva al autor a sospechar de toda reivindicación nombrada como femenina en donde se sostiene una identidad de género.
Hegel da a las mujeres la misión de ser “la eterna ironía de la comunidad” atribuyéndole así una subversión estructural a la lógica colectiva, y a los distintos amos que esta sostiene.
Lo femenino no debe convertirse a la lógica fálica a la que trasciende. Los psicoanalistas, siguiendo a Freud, sabemos todos los avatares de la teoría en las distintas épocas para sostener aquella poética definición de lo femenino como “continente negro”, que escapa a todo intento de definición sosteniendo lo femenino como suplementario al mundo de lo definible, lo universalizable.
Desde el mundo griego la mujer aparece en los mitos como suplemento, como una pieza agregada a un grupo social. Zeus castiga a Prometeo con la mujer, signo del mal, criatura artificial que inocula el deseo en los hombres y el final de la autosuficiencia.
El mito de la mujer como la presencia del mal y el impedimento para la autosuficiencia no ha perdido en la actualidad su eficacia. Aristóteles decía que las mujeres eran un defecto natural…que lo encarnan. Lectura que dista de la de una desigualdad cualitativa e imaginaria que solo plantea de modo falso el problema de la diferencia.
Es en el registro de la falta que las mujeres se definen y por eso en las diversas culturas aparecen como la presentación de lo extranjero…de lo Otro.
Así podemos situarlas como lo Otro de lo masculino. Su inclusión debe estar basada en la demostración de su exclusión.
Como leer el acontecimiento femenino en la época de las falsas mujeres (teléfonos celulares, computadoras, Viagra, satisfacciones de bolsillo…), donde la proliferación de los objetos de consumo suele dejar aplastado el registro del deseo y a lo femenino como lo que lo sostiene.
Es la alteridad como tema de reflexión lo que debe ser el eje central de la discusión sobre la diferencia de los sexos. Admitir que existe un territorio femenino que es auténtico y que dista de los semblantes que cada época nos impone. Las denominaciones de lo femenino en cada época no son las representaciones de las mujeres de ese tiempo, sino que funcionan como imperativos: ¡deberás serlo! .La definición de los roles para lo femenino y lo masculino son sólo vestimentas imaginarias que sostienen el discurso dominante.
Lo femenino es lo que aparece como la ironía; aquella mujer que no desea ser conquistada y que opone resistencia a ser definida toda como un objeto de saber.
El acontecimiento femenino no puede ser calculado, asegurado o planificado.
Sostenemos la ética de la pregunta freudiana ¿qué quiere una mujer?

Deseo.

El deseo es una potencia incalculable, quien lo habita, lo sabe. El deseo es la consecuencia final de la emoción. El deseo es lo que nos mueve. El deseo nos distingue de los animales. No hay nada más humano que la mera acción de desear. Indagar en la mente conlleva al campo de la razón y el análisis, sumergirse en el inconsciente, y casi como una embestida, enfrenta a pasiones. El deseo tiene como condición la pérdida o disminución de un goce: desear y querer no son sinónimos, el deseo va más allá, implica la postergación de lo que se ambiciona: para que haya deseo se debe partir de la falta de goce.

A su vez hay una distancia que se la intenta anular con el pensamiento mágico e imaginario de “querer es poder”. Querer, que no es lo mismo que amar, implica pretensión de algo, y el poder es el juego de distintas fuerzas para concretar deseos, es la acción en sí misma movilizada para convertirlo en realidad. El instinto, impetuoso, como en una batalla, emerge y a veces se sale de control para lograr aquello que se desea; a veces resultado de la educación que recibimos, de creencias, se piensa y hasta en exceso, para no desear y es una forma de legitimar el padecimiento. Negar los deseos, priorizar pensamientos monótonos, conformistas, conservadores, son el resultado de un proceso de racionalización mediante el cual nos desresponsabilizamos de decisiones y justificamos los miedos: miedo a sentir, miedo a desear, miedo a… A veces no hay palabras para enunciar el deseo, se mezcla en el decir, se desliza entre las palabras, se manifiesta en todo el cuerpo. Cuando el deseo surge se siente, es una fuerza por momentos ingobernable, una fuente inagotable, oculta, secreta y hasta clandestina, que solo se realiza en la acción. El deseo juega en tiempo presente, los tiempos futuros o pasados son una cuestión aparte. No existe mayor satisfacción, después de una sesión de terapia, advertir que los deseos ganan la pulseada ante los pensamientos paralizantes. Desanudar ataduras que encarcelan sentimientos, permitirse llorar y reír de unx mismx, dejar atrás etapas dolorosas y síntomas que parecen no tener salida, sentir que muchas experiencias anteriores hoy parecen ajenas, despliegan deseos y devienen en potencia.

El deseo es una potencia incalculable, quien lo habita, lo sabe. Me dijo mi profesora de psicoanálisis una vez. Hoy lo confirmé. Quizás es la postal de una Buenos Aires lluviosa que me pone intima y sentimental. Quizás son mis dos años de terapia ya transitados que me impiden mostrarme indiferente y encontrarme ingenua ante mis deseos. Quizás.

Quien pierda la ambición de desear, se dejó ganar por esta vida canalla y perversa.